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martes, 4 de junio de 2013

EL FUEGO SE COBRO UNA VIDA EN VILLA LOS SAUCES Y DEJO A TODA UNA FAMILIA EN LA CALLE

Un voraz incendio destruyó por completo, en la madrugada de ayer, una vivienda de villa Los Sauces, dejando como saldo una víctima fatal y una familia completamente en la calle, descalzos y vestidos únicamente con la ropa con la que estaban durmiendo.





La tragedia se originó cerca de la medianoche cuando Marinés Angélica Bonifacio, embarazada de ocho meses y madre de cinco niños, se despertó en medio de una densa humareda que se había originado al tomar contacto la llama de una vela con una cortina.
En minutos solicitó a gritos ayuda mientras rescataba a sus cinco hijos del interior de la vivienda, quienes dormían en dos cuchetas.
Unos veinte vecinos acudieron presurosos para intentar sofocar las llamas que habían alcanzado el machimbre del techo y se extendían por arriba hacia las habitaciones contiguas, donde pernoctaba Pedro Nolasco Cruz (89), quien padecía una deficiencia motora y solicitaba ayuda a gritos, según la versión de uno de los vecinos, que terminó seriamente lesionado en sus manos.
”No había agua, señor, como todos los días nos habían cortado el suministro a las 22, y sin ese elemento fue imposible mojar unas toallas al menos para atravesar el pasillo que ardía de arriba y llegar a la pieza del abuelo”, dijo Silvia Gutiérrez.
“Vinieron a ayudar de todos lados, incluso en la desesperación varios automovilistas prestaron sus matafuegos, pero fue inútil.
Los Bomberos no solo llegaron tarde, sino que además equivocaron el camino: ingresaron por Zacarías Yanci y después no pudieron retomar a la calle del incendio porque no existen pasos a nivel sobre las vías, el único es un puente alcantarilla pero de baja altura, así que tuvieron que volver. El abuelo se resignó y su silencio fue presagio de muerte. Falleció acurrucado junto a su gato negro”, afirmó otra vecina.
“Lo peor vino después, dijo Norma Galván, la autobomba de la Provincia no funcionaba o no tenía agua, así que se quedaron mirando el dantesco espectáculo y la desesperación de una madre arrodillada frente a la destrucción de todo cuanto tenía. Diez minutos después llegaron los bomberos voluntarios, quienes finalmente apagaron el incendio, pero no la ira de los vecinos”, dijo Elizabeth Amaya, la mujer que solicitó la presencia de los medios para denunciar la negligencia, el pésimo servicio y la tragedia de una familia.
La madre de las cinco chicos que salieron ilesos del incendio dijo que había perdido todo, incluso al único familiar mayor vivo que le quedaba.
“No pude, no pude salvar al abuelo porque mientras pedía ayuda despertaba a los chicos para que huyeran del fuego. Los vecinos se cansaron de buscar agua. Al final optaron por subir por la tapia pero se accidentaron y allí se apagaron las esperanzas”, dijo.
Luego agregó: “El fuego me llevó todo, pero me trajo la solidaridad del vecindario. Me vistieron y calzaron a los chicos, me ayudaron en el trámite para el sepelio del abuelo y me contactaron con la ayuda municipal. Estoy en la calle, pero hoy tengo al parecer un millón de amigos”, finalizó.

Servicios caros e ineficientes

Marinés Bonifacio asumió la culpa de haber olvidado prendida una vela con la que se estaban alumbrando, pero a la vez, a modo de descargo, dijo que no podía vivir con cinco hijos y embarazada de ocho meses en la oscuridad.
“Estaba así desde hace unos pocos días porque no pude reunir los cuatrocientos pesos de la boleta de la luz y me cortaron el suministro. Yo fui a reclamar el alto costo del servicio de agua y luz y me dijeron que es lo mínimo que podían cobrarme.
Sin embargo, cuando la tragedia se hizo presente uno de esos servicios estaba ausente, pero no solo para mí que estaba en mora, sino para el barrio entero, que quiso ayudarme y no tuvo con qué hacerlo. Esa es la indignación de los vecinos.
Por otra parte, el vecindario en pleno se quejó de los habituales cortes del suministro.
“Antes había un pozo con bomba al lado del canal. Teníamos agua todos los días.
Después cerraron el pozo pero no hicieron otro y desde entonces solo tenemos agua cuando hace frío o se le da la gana a los funcionarios. Eso sí, tal como dice nuestra desventurada vecina, a la hora de cobrar, el servicio vale oro. Ayer, con un poco de agua salvábamos una vida”, dijo Verónica Fernández.

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